viernes, 27 de agosto de 2010

"¡¡NO A LA GUERRA!!"

“Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren”

(Jean Paul Sartre, escritor y filósofo francés, 1905-1980)

   Nunca me han gustado las manifestaciones multitudinarias, ni las celebraciones “mogollónicas”, ni eso de organizar grandes eventos en torno al “Día de…”, ni los maratones televisivos, ni hablar de solidaridad para quedar bien, ni los actores famosos haciendo alarde de su beneficencia, ni Bill Gates saliendo en la tele con los “negritos”, ni la hipocresía de nuestra sociedad de ricos haciéndose la buena y mandando camiones de mantas, comidas, medicamentos, ni lo del 0,7%, etc.

   Yo soy más de los que hacen una labor callada: los misioneros, los voluntarios, los que no salen en la tele, los que se hacen pobres con los pobres, los que viven con ellos y como ellos… de los que no sabemos ni sus nombres.

   En esta sociedad asquerosa que hemos creado y en la que todos somos culpables, incurrimos en contradicciones curiosas y, a la vez, repugnantes. Curiosamente, donde hay más cristianos es en el “mundo rico” – ya lo dijo Gandhi, creo: lo peor del cristianismo son los cristianos -, es por eso que buscamos justificar las desigualdades haciéndonos los solidarios, creando ONG´s o como se diga, haciendo millonarias donaciones para dar pan al que no tiene, es decir, lavando nuestras conciencias para no ir al infierno. En vez de eso, y ya nos lo dejó claro Jesús de Nazaret cuando anduvo por aquí, deberíamos transformar el mundo, acabar con el hambre, hacer posible que no hubiera ricos ni pobres, en definitiva, echarle “cojones” al tema y acabar con las guerras y con las injusticias. ¿Dónde están los “progres” ahora que se ha reconocido que hay guerra en Afganistán? ¿No será que hubo intereses políticos socialistas cuando se manifestaron actores y cantantes en contra del Gobierno de Aznar con el famoso “no a la guerra”? ¿Y quién puede justificar la “foto de las Azores”?

   Pues eso, mi reto es cambiar el mundo, luchar contra corriente. Las guerras que a mí me afectan son las pequeñas batallas del día a día, el no generar violencia en mi casa, con mi mujer y mis hijos, en mi trabajo y en mi vida, en general. La violencia está en la calle: la gente está permanentemente cabreada, somos capaces de matar por un aparcamiento en el Carrefour, machacamos a los compañeros de trabajo que no nos caen bien o que pueden poner en peligro nuestro “estatus”, pagamos con nuestros seres queridos nuestras frustraciones y nuestros fracasos personales, ahí está la “violencia de género” que no es más que el fruto de las otras violencias menos conocidas. En fin, nos toca calmarnos, querernos y enamorarnos de la vida, de nuestra existencia. No es fácil pero voy a intentarlo.

   “No he venido a traer la paz sino la guerra”, dijo el tío. Ésa es la única guerra que merece la pena: la que lucha contra el mundo y los valores que hoy lo mueven. Ya sabéis cuáles son. Hay que matar nuestras pequeñas violencias, el soldado que llevamos dentro, hay que transmitir a los demás alegría de vivir, paz y amor, la “no violencia”.

   ¡Suerte a todos!

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